Redacción:
Israel Nieto
La reciente coyuntura política que involucra a Estados Unidos ha generado debate más allá del ámbito diplomático. En el terreno deportivo, han surgido cuestionamientos inevitables: ¿Podría el país enfrentar consecuencias similares a las que sufrió Rusia tras la invasión a Ucrania?, ¿Está en riesgo su participación o su rol como sede del Mundial 2026?
El antecedente más claro en la historia reciente es el de Rusia. Tras el inicio del conflicto bélico con Ucrania en 2022, el país fue excluido de prácticamente todas las competencias internacionales. Quedó fuera de las eliminatorias mundialistas, de torneos organizados por la FIFA y la UEFA, y de múltiples eventos deportivos globales. La decisión fue contundente y marcó un antes y un después en la relación entre deporte y política.
Sin embargo, el caso de Estados Unidos presenta diferencias sustanciales. A nivel deportivo, no existe una violación directa a estatutos internacionales que justifique una sanción por parte de organismos como la FIFA. Además, el contexto geopolítico, el peso económico del país y su papel central en la organización del Mundial 2026 colocan el escenario en una dimensión completamente distinta.
Es clave para el Mundial 2026
Estados Unidos no solo es uno de los anfitriones de la próxima Copa del Mundo junto a México y Canadá, sino también un actor clave en la estructura financiera, comercial y logística del futbol internacional. Una eventual sanción no solo afectaría al país, sino que provocaría un impacto mayúsculo en la FIFA, patrocinadores, federaciones y cadenas de transmisión a nivel global.
Por ello, el escenario más realista apunta a que no habrá consecuencias deportivas directas. No se vislumbra una exclusión de competencias ni un cambio en la sede del Mundial. Lo que sí es previsible es un aumento en la presión mediática, el escrutinio internacional y el debate sobre los límites entre política y deporte.
Este caso vuelve a poner sobre la mesa una discusión recurrente. La supuesta neutralidad del deporte frente a los conflictos políticos. Mientras en algunos contextos las sanciones han sido inmediatas y severas, en otros el peso geopolítico parece inclinar la balanza hacia la cautela.
A menos de 7 meses para que inicie el Mundial 2026, todo indica que Estados Unidos seguirá adelante con su rol protagónico. La pregunta ya no es si habrá castigos deportivos, sino hasta qué punto las organizaciones internacionales pueden —o quieren— separar el deporte del contexto político global que lo rodea.