Juanita nunca tuvo tiempo de sentarse a lamentarse. Nació en 1919, en el Valle de Guadalupe, Jalisco, y desde entonces su vida ha sido una sola palabra convertida en costumbre: trabajar.
Se levantaba antes que el sol. Hacía tortillas para vender. Limpiaba casas ajenas para juntar unos pesos más. Mientras tanto, sus diez hijas e hijos (seis mujeres, cuatro hombres) ayudaban en casa antes de correr a la escuela.
Ella cargó sola con esa doble jornada que tantas mujeres de su generación cargaron en silencio: el trabajo que se paga y el trabajo que nadie ve.

No sobraba nada. Pero en su mesa nunca faltó la leche, los quelites, el frijol, el maíz, la miel. Y con esa mesa sencilla, y esas manos que no paraban, sacó adelante a una familia entera.
Hoy, 107 años después, esos diez hijos son médicos, maestros, ingenieros, arquitectos. Y son ellos quienes ahora se turnan, día tras día, para que Juanita nunca esté sola. Le preguntan cuál es el secreto para vivir más de un siglo.
Ella no necesita pensarlo dos veces: “Trabajar mucho, alejarte de los vicios.”
Historia centenaria
Juanita es una de las 151 historias registradas en la convocatoria “Historias Centenarias, Recetas para vivir” del Sistema DIF Estatal de Guanajuato, que este año salió a buscar a quienes ya viven más de un siglo en el estado.
Encontraron que 71 de cada 100 son mujeres, concentradas sobre todo en León, Irapuato y la capital.

Detrás de cada nombre en esa lista hay una historia como la de Juanita: de sacrificio, de manos curtidas por el trabajo, de una generación que no conoció el descanso pero que hoy es abrazada por quienes crió.
Ella sigue cocinando. Sigue cosiendo. Sigue recibiendo visitas y contando su historia a quien quiera escucharla.
Porque a los 107 años, Juanita todavía tiene mucho que enseñarnos sobre lo que de verdad sostiene una vida.