Redacción:
Angie Subías
El voleibol mexicano vive un momento histórico con la llegada de su primera liga profesional, un proyecto que representa un paso decisivo para el crecimiento y consolidación de este deporte en el país. La creación de esta competencia no solo busca fortalecer el nivel del voleibol nacional, sino también abrir nuevas oportunidades para que jóvenes talentos puedan desarrollarse y proyectarse en torneos de alto rendimiento.
La temporada tendrá una duración aproximada de cuatro meses. El arranque de esta será el próximo 17 y 18 de enero. La fase regular se disputará hasta abril, mientras que las semifinales están programadas del 22 al 26 de ese mismo mes. La final se jugará el 29 de abril, con posibilidad de extenderse al 2 y 3 de mayo en caso de ser necesario, cerrando así una primera campaña que promete sentar bases sólidas para el futuro.
El nuevo voleibol mexicano
La liga arrancará oficialmente con la participación de seis equipos que marcarán el inicio de esta nueva etapa. Las escuadras fundadoras serán Leonas de León, Tapatías de Jalisco, Guerreras de Puebla, Coronelas de Durango, Freseras de Irapuato y Gigantes de Aguascalientes. Son clubes que representarán distintas regiones del país y que darán identidad a la competencia desde su primera temporada.
Como parte del proyecto deportivo y con la intención de elevar el nivel competitivo y la proyección internacional de la liga, cada equipo podrá contar con la participación de hasta seis jugadoras extranjeras. Esta medida busca enriquecer el espectáculo, aportar experiencia internacional y generar un intercambio deportivo que beneficie tanto a las jugadoras nacionales como al crecimiento general del voleibol en México.
Además, la liga contará con la presencia de jugadoras de selección nacional, quienes servirán como referentes dentro de la cancha. Al tiempo que, compartirán experiencia con jóvenes promesas que comienzan a abrirse paso en el alto rendimiento. Este equilibrio entre experiencia y juventud será clave para el desarrollo sostenido del proyecto.
Con este nuevo capítulo, el voleibol mexicano inicia un camino largamente esperado. La llegada de una liga profesional no solo representa competencia y espectáculo. También esperanza, identidad y proyección para una disciplina que busca ocupar el lugar que merece en el deporte nacional. El silbatazo inicial marcará más que el comienzo de una temporada: será el inicio de un sueño colectivo para jugadoras, aficionados y futuras generaciones.