Robert Duvall hablaba con la mirada. Su capacidad para conectar, desde el silencio y las emociones, le abrió la puerta en Matar a un ruiseñor y lo confirmó con El padrino.
Duvall, quien falleció ayer a los 95 años en su hogar en Virginia, Estados Unidos, era uno de los últimos actores a los que caracterizó el naturalismo (estilo teatral que busca reproducir la realidad con precisión). Contemporáneo de Gene Hackman, también prefería el bajo perfil y señalaba la cultura de la fama.
Como Tom Hagen, su papel de abogado de la familia Corleone en El padrino I y II (1972-1974), conoció la gloria y el suelo. El personaje refrendó su carrera, pero también cargó con este el resto de su vida.
“Con su trayectoria de más de seis décadas logró interpretaciones notables, sin embargo, nunca logró separarse de la sombra de Francis Ford Coppola (el director del filme).

En los siguientes años interpretó una diversidad de personajes, demostrando su versatilidad, y promovió el cine de autor.
Fue nominado siete veces al Oscar (ganó uno por Tender Mercies); también Globos de Oro y Emmys, pero batalló para lograr otro filme que le diera prestigio.
Con la llegada del nuevo siglo, Duvall experimentó en la dirección con Assassination tango, producción argentino-estadounidense.
Su última actuación fue en The Pale Blue Eye (2022).

Duvall contrajo matrimonio cuatro veces; no tuvo hijos biológicos.
Luciana Duvall, con quien se casó en 2005, lo acompañó en sus últimos momentos. “Para el mundo, era un actor ganador del Premio de la Academia, un director, un narrador. Para mí, lo era simplemente todo”.