Un reciente informe del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH) señala que el planeta entró en una situación de bancarrota hídrica global. Es un estado mucho más grave que la tradicional “crisis del agua”.
Esto significa que muchas regiones están consumiendo agua más rápido de lo que la naturaleza puede reponerla. Han agotado de manera irreparable reservas clave como acuíferos, glaciares y humedales.
Según el reporte, más de 75 % de la población mundial vive en países con inseguridad hídrica. Alrededor de 4 000 millones de personas enfrentan escasez severa de agua al menos un mes al año.
Sobreexplotación, cambio climático e impactos humanos
Los expertos subrayan que esta bancarrota no es simplemente una escasez temporal. Es el resultado de décadas de uso excesivo de recursos hídricos, contaminación persistente, mala gestión y los efectos crecientes del cambio climático. El agua se retira de ríos, lagos y acuíferos más rápido de lo que se recarga con lluvia o nieve, y los sistemas que antes servían como “ahorros” naturales ahora están en declive permanente.
Los daños no se distribuyen de manera uniforme. Regiones como Oriente Medio, el norte de África y partes del sur y centro de Asia enfrentan niveles especialmente altos de estrés hídrico. En varias zonas agrícolas, la salinización y la degradación del suelo debido a la falta de agua ya han reducido la productividad.

Efectos económicos y sociales
El impacto económico global de la degradación del agua y el uso insostenible supera los 300 000 millones de dólares al año, afectando la agricultura, la industria y los medios de vida. Más de la mitad de la producción mundial de alimentos se concentra en zonas donde los niveles de almacenamiento de agua son inestables o decrecientes.
Este nuevo estado de bancarrota hídrica también puede exacerbar conflictos por el acceso al agua, impulsar migraciones forzadas en busca de recursos, y profundizar desigualdades socioeconómicas.
¿Respuesta global?
Los autores del informe recalcan que el enfoque tradicional de gestión de crisis ya no es suficiente. Proponen una nueva agenda mundial del agua que reconozca este estado de bancarrota, mejore la gobernanza, promueva el uso eficiente del agua en la agricultura y la industria, y proteja los ecosistemas que todavía pueden recuperarse.
La ONU busca que este cambio de enfoque se discuta en foros internacionales clave. Incluidos eventos próximos como la Conferencia del Agua de la ONU en 2026 y 2028. También que las políticas globales integren la gestión del agua como un eje central de seguridad alimentaria, justicia social y estabilidad climática.
Punto de no retorno y acción inmediata
El informe advierte que muchas de las pérdidas son irreversibles: glaciales que no volverán a su tamaño anterior, humedales que han desaparecido y acuíferos colapsados. Sin embargo, enfatiza que aceptar la realidad actual es el primer paso para implementar soluciones sostenibles.
La transición hacia un manejo responsable del agua requerirá esfuerzos coordinados entre gobiernos, sector privado y comunidades para redefinir prioridades, invertir en tecnologías de eficiencia y proteger los pocos sistemas hídricos que aún pueden revertir su deterioro.