En la opinión editorial
En el marco del 109 aniversario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el país vive una de las transformaciones más profundas de su historia constitucional.
Lejos de ser una celebración meramente conmemorativa, el acto oficial en el Teatro de la República fue la puesta en escena de un proceso de reconfiguración del pacto social que rige a la nación.
Un texto en constante mutación
La Constitución de 1917, promulgada tras la Revolución Mexicana como una de las cartas magnas más avanzadas de su tiempo, ha dejado de ser un documento estático para convertirse en un organismo vivo en constante modificación. Investigaciones del Senado y académicos constitucionalistas coinciden en que desde su promulgación, el texto ha sido objeto de más de 250 reformas, con al menos 770 cambios a artículos diversos.

De los 136 artículos originales, sólo una pequeña fracción —alrededor de 17 a 19— conserva su redacción inicial. El resto ha sido reinterpretado, reformado o ampliado en respuesta a las demandas sociales, los equilibrios de poder y las prioridades políticas de cada administración.
Esto ha llevado, según expertos en derecho constitucional, a una situación que algunos describen como hiper-reformismo: un ritmo de cambios tan acelerado que la Constitución ya no se interpreta como un documento único y sólido, sino como un conjunto de normas que se adaptan permanentemente a los intereses del momento.
El aniversario de este año y el “Plan C”
Este 5 de febrero, la presidenta Claudia Sheinbaum aprovechó la ceremonia no sólo para recordar la historia constitucional, sino para recalcar la vigencia de su proyecto político. En su discurso reafirmó la defensa de la soberanía nacional frente a presuntas injerencias externas. Una referencia directa a tensiones recientes con Estados Unidos, y resaltó más de 20 reformas clave impulsadas en los últimos años.
Gran parte de estas reformas obedecen al denominado Plan C, iniciativa presentada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador como parte de una agenda de cambios profundos con el objetivo declarado de “devolverle el carácter social” a la Constitución.
Entre los cambios más significativos se encuentran transformaciones al Poder Judicial, la ampliación de derechos sociales, el reconocimiento explícito de pueblos originarios como sujetos de derecho público, la reorganización de la Guardia Nacional y la eliminación de instituciones autónomas como el INAI.

¿Un texto constitucional reescrito? O necesidas de cultura constitucional social
Más allá de la retórica oficial, los analistas ven en este fenómeno una reconfiguración del modelo político mexicano. La Constitución ha pasado de ser un marco de principios duraderos a un instrumento político sujeto a reescritura según la correlación de fuerzas legislativas del momento.
En este contexto, algunas voces señalan que el creciente número de reformas —y la concentración de iniciativa y aprobación en la mayoría oficialista— podría debilitar la estabilidad normativa y la confianza en los contrapesos institucionales. La transformación constitucional ya no responde únicamente a demandas sociales de largo plazo, sino también a estrategias políticas para consolidar mayorías y control sobre el Estado.
¿Hacia dónde va México?
El panorama constitucional para los próximos años está marcado por preguntas inevitables:
- ¿Seguirá la Constitución adaptándose a cada administración o se buscará un pacto más amplio que dé estabilidad al texto?
- ¿Se respetarán y fortalecerán órganos autónomos y contrapesos, o estos quedarán subordinados a mayorías legislativas?
- ¿La defensa de la soberanía nacional será una constante en futuras reformas, especialmente en temas de seguridad y relaciones internacionales?
Lo cierto es que la Constitución Mexicana, una vez símbolo de cohesión tras una guerra revolucionaria, hoy se debate entre ser un documento histórico y convertirse en una herramienta de política cotidiana. Más que una celebración de su natalicio, este aniversario revela que el verdadero debate es sobre qué México queremos que la Constitución siga representando.