En un movimiento que profundiza la fractura entre Brasilia y Washington, el Gobierno de Estados Unidos anunció la revocación de la visa de la embajadora de Brasil, Maria Luiza Ribeiro Viotti.
La medida, calificada por la administración de Donald Trump como un acto de “reciprocity” (reciprocidad), responde a la demora del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva en conceder el beneplácito al embajador estadounidense designado, Daniel “Danny” Pérez.
Según fuentes del Departamento de Estado, la decisión no equivale a una expulsión del país, por lo que la diplomática brasileña puede permanecer en territorio estadounidense, aunque sin un visado vigente hasta que se resuelva el estancamiento. Washington sostiene que esta acción es una respuesta directa a una serie de restricciones previas por parte de Brasilia, que incluyeron la denegación de visas a delegaciones estadounidenses en marzo y julio, destinadas a foros sobre minerales críticos y temas de derechos humanos.
Por su parte, el presidente Lula da Silva calificó la medida de “irresponsable e imprudente”. El mandatario brasileño argumentó que Estados Unidos no ha mostrado respeto por la soberanía de su país, señalando que la Administración Trump tardó un año y medio en proponer un embajador y ahora pretende imponer sus plazos de aprobación.

Elecciones y acusaciones de injerencia
Este conflicto aparece previo a las elecciones presidenciales de octubre en Brasil, donde Lula busca la reelección frente al senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y aliado cercano de Trump. El Gobierno brasileño denunció abiertamente que estas acciones constituyen un intento de injerencia electoral, alegando que los funcionarios estadounidenses a quienes se les negó la visa pretendían poner en duda la integridad del sistema electoral nacional.
Este choque con Washington coincide con una degradación de las relaciones de Brasil con Argentina. Recientemente, Brasil retiró a su embajador en Buenos Aires tras los insultos del presidente Javier Milei hacia Lula, rebajando la comunicación al nivel de encargados de negocios.

Además del frente diplomático, las relaciones se han visto afectadas por la imposición de aranceles del 25% a las importaciones brasileñas por parte de la Casa Blanca, una medida que ha generado fuerte rechazo en el electorado y el gobierno brasileño,,. Ante este panorama, Lula ha advertido con firmeza que Brasil “enfrentará a cualquier persona de fuera que quiera interferir” en su proceso democrático.
