La sombra de la sospecha vuelve a posarse sobre el círculo íntimo del exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. Esta vez, el protagonista no es un funcionario estatal, sino su yerno, Jorge Antonio Cano Félix, quien ha pasado de ser un polémico operador en redes sociales a convertirse en un objetivo de interés para agencias de inteligencia internacionales.
Fuentes cercanas a reportes de inteligencia sugieren que la CIA mantiene la lupa sobre Cano Félix. El motivo: su posición estratégica en la administración pública que le permitiría influencia sobre activos críticos, específicamente la red de ductos de Pemex.
En un México donde la seguridad energética es prioridad para los socios del T-MEC, que un perfil con antecedentes cuestionables se acerque a estos controles ha encendido luces rojas en Washington.
Su paso por el ISSSTE dejó una estela de irregularidades detectadas por la Auditoría Superior de la Federación (ASF), Pese a ello, su aterrizaje en la Lotería Nacional como Subdirector de Nuevos Negocios ha sido visto como un premio a la lealtad familiar más que un mérito administrativo.

Ahora se le señala por vínculos con el poder, pues es donante activo de campañas y figura clave en el entorno familiar de los Rocha.
También, por conflictos de interés, investigaciones de MCCI señalan una red de influencias que conecta contratos públicos con su círculo cercano.
Y no puede faltar su temperamento volátil, por retarse a golpes con senadores de la oposición. En el pasado ya habían obligado al Gobernador a desmarcarse públicamente de sus “vísceras”.