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Maru Campos y Harfuch se reúnen tras presencia de la CIA en Chihuahua

Por Redacción
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La crisis por la presencia de agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en Chihuahua dejó de ser un problema local para convertirse en una disputa de soberanía nacional que ya fracturó la relación entre el gobierno de Maru Campos y el Gabinete de Seguridad de Claudia Sheinbaum.

Este jueves, la gobernadora chihuahuense, Maru Campos Galván, llegó a la Ciudad de México para una reunión con el Secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, que resultó ser tan breve como tensa. En menos de una hora, Campos intentó justificar la operatividad de los agentes estadounidenses en su territorio, pero se topó con un muro federal que no está dispuesto a aceptar explicaciones a medias sobre por qué una agencia extranjera operaba “por la libre” en el Triángulo Dorado.

La fallida estrategia de control de daños

El encuentro con García Harfuch no fue la mesa de coordinación que el gobierno de Chihuahua proyectó en sus canales oficiales. En realidad, se trató de un ejercicio de rendición de cuentas donde la brevedad del tiempo sugiere que no hubo espacio para las cortesías.

La gobernadora llegó presionada por la revelación de que los supuestos “investigadores” fallecidos eran en realidad operativos de inteligencia, un dato que su administración omitió en los primeros reportes. Este silencio inicial no solo generó suspicacias en la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, sino que evidenció una ruptura total en los protocolos de la Ley de Seguridad Nacional, que obliga a registrar cualquier actividad de agentes extranjeros ante la Federación.

Lo que se discutió en ese despacho de la Ciudad de México fue mucho más que un peritaje vial por una volcadura. El fondo del conflicto es la autonomía con la que Chihuahua parece estar gestionando acuerdos de inteligencia con Washington, ignorando la jerarquía del Gabinete de Seguridad Federal. La presencia de la CIA en zonas de alta peligrosidad no es algo que se pueda manejar como un asunto de tránsito estatal, y la frialdad de Harfuch en el encuentro dejó claro que la Federación ve esto como una transgresión a la autoridad del Estado Mexicano.

Sheinbaum y la mentira de la coordinación

Si la reunión con Harfuch fue un trago amargo para Maru Campos, el golpe definitivo llegó desde el atril de Palacio Nacional. En un movimiento que exhibió la fragilidad de la defensa estatal, la presidenta Claudia Sheinbaum desmintió categóricamente a la gobernadora, quien sugirió que el Ejército Mexicano estaba al tanto y coordinaba las acciones de los agentes de la CIA.

La respuesta de la mandataria fue letal; la Secretaría de la Defensa Nacional no solo no participó en el operativo, sino que ni siquiera fue notificada de su existencia. Este desmentido público no es solo una corrección de datos, es una acusación implícita de opacidad y fabricación de narrativas por parte del gobierno chihuahuense.

La realidad es que el gobierno de Chihuahua quedó atrapado en su propia red de contradicciones. Al intentar involucrar a la SEDENA en el escándalo para diluir su responsabilidad, Maru Campos terminó provocando una reacción defensiva del alto mando militar y de la propia Presidencia.

Este escenario deja a la administración estatal en una posición de aislamiento político, donde la narrativa del “accidente” ya no es suficiente para ocultar lo que parece ser una red de operativos paralelos de inteligencia. La pregunta que queda en el aire, y que Sheinbaum ha puesto sobre la mesa con cada declaración, es qué otros acuerdos ocultos tiene Chihuahua con las agencias estadounidenses que la Federación aún desconoce.

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