El IMSS no es un programa social. Es un seguro que se paga.
En 2025, el Instituto recaudó más de 603 mil millones de pesos en cuotas obrero-patronales, dinero que sale de cada nómina y de cada empresa formal del país. Por eso, cuando falta una medicina, no falta una dádiva, falta un servicio ya cobrado.
Hoy ese servicio está en crisis por tres frentes al mismo tiempo: desabasto, salarios y un sindicato fracturado.
Desabasto que admiten hasta en Palacio Nacional
Durante años, la versión oficial negó el problema. Ya no.
La presidenta Claudia Sheinbaum reconoció el lunes 12 de octubre el desabasto de medicamentos y la falta de prestaciones para parte del personal médico del IMSS. Atribuyó el problema a fallas con proveedores y en la distribución.
El propio director, Zoé Robledo, reconoció que 6% de las recetas no se surte completa. Parece poco, pero en una institución de este tamaño son millones de pacientes que salen sin tratamiento. A eso se suma una deuda con la industria farmacéutica estimada entre 14 mil y 17 mil millones de pesos.

El faltante no es solo de pastillas.
En Tijuana, trabajadores denunciaron falta de medicamentos, camillas y equipo médico, y médicos y enfermeras compran con su propio dinero el material básico. En Ciudad Juárez, la dirigencia local advirtió que la carencia diaria de insumos provoca reprogramación de cirugías y estancias hospitalarias más largas.
La respuesta institucional llegó después de las marchas. El IMSS anunció visitas de “escucha activa” a 277 hospitales para identificar faltantes de medicamentos, material de curación, personal y mantenimiento.
Salarios: el 2.9% que encendió la mecha
El aumento pactado se vende como 8.55%, pero solo 2.9% va directo al sueldo tabular; el resto se reparte en 3.9% al llamado Concepto 11 y 1.75% en aportaciones para cuentas de retiro. Como referencia, la inflación anual de junio de 2026 fue de 3.37%: el aumento directo al salario ni siquiera la alcanza.
La base exige 10% directo. El IMSS sostiene que el servicio se mantiene gracias a sus 511 mil trabajadores, los mismos que hoy dicen que no les alcanza.

El sindicato, roto desde adentro
El desacuerdo arrancó en el Congreso sindical del 11 de septiembre en Playa del Carmen, donde se avaló el aumento que entraría en vigor el 16 de octubre. El 1 de octubre, la inconformidad escaló: trabajadores entraron por la fuerza a la sede nacional del SNTSS tras más de nueve horas de protesta.
La exigencia central es la destitución de Rafael Olivos Hernández, secretario general del SNTSS desde 2024. La mesa en Gobernación del 8 de octubre terminó sin acuerdo, y desde el 9 de octubre hubo bloqueos en al menos 19 puntos de la Ciudad de México.
El IMSS se deslindó y calificó la protesta como un conflicto interno del sindicato y defiende la consulta de este 14 de octubre como el mecanismo de democracia sindical de la reforma laboral de 2019. Los inconformes, en cambio, pidieron cancelarla por presunta coacción para votar a favor.

El derechohabiente, ¿incluido o diluido?
Mientras el IMSS no surte a sus propios asegurados, el gobierno avanza en el Servicio Universal de Salud. La nueva credencial reemplazará paulatinamente los carnés del IMSS e ISSSTE y el plan prevé servicios graduales desde 2027 hasta llegar a un servicio universal en 2030. Según la presidenta, si alguien de otro sistema se atiende en una institución distinta, el pago se hará entre instituciones sin costo para el paciente.
La pregunta que nadie ha respondido con cifras: si el IMSS no alcanza hoy para quien cotiza, ¿cómo va a atender además a quien no cotiza, sin que el trabajador que paga su cuota termine en una fila más larga?
Para dimensionarlo, el IMSS cobra a usuarios externos desde mil 298 pesos por consulta y hasta 82 mil 158 pesos por día en terapia intensiva. Eso es lo que vale el seguro que el trabajador ya paga.