A una semana de la mayor catástrofe natural en la historia reciente de Venezuela, el país se encuentra sumido en una carrera desesperada por hallar sobrevivientes entre las ruinas.
El 24 de junio, un fenómeno poco frecuente conocido como “doblete sísmico” sacudió el norte del país. Dos terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5 ocurrieron con apenas 39 segundos de diferencia, fracturando las fallas de Boconó y San Sebastián.
El saldo es devastador. Las cifras oficiales reportan 2,295 fallecidos y 11,267 heridos, aunque organismos internacionales advierten que la magnitud real podría ser mucho mayor. La incertidumbre se centra en el número de desaparecidos, pues el Gobierno estima la cifra en 50,000 personas, pero, plataformas independientes denuncian que más de 65,000 ciudadanos continúan sin ser localizados.
Hospitales al límite y crisis sanitaria
La emergencia ha llevado al sistema de salud, ya debilitado por años de crisis, a un punto de quiebre. En el estado de La Guaira, la zona más afectada, los hospitales operan en condiciones críticas.
En el Hospital Vargas, por ejemplo, 96 pacientes se encuentran hacinados en una sala diseñada para ocho camas, mientras la morgue está desbordada y el suministro de agua depende de acarreos manuales.

La ONU ha advertido sobre el riesgo inminente de brotes infecciosos en los más de 70 refugios temporales habilitados, donde miles de familias conviven en espacios reducidos con acceso limitado a servicios básicos.
Solidaridad internacional
La respuesta global no se ha hecho esperar. Más de 30 países han enviado equipos de socorro y toneladas de suministros.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) anunció una donación de un millón de dólares, que se suma a los 150 millones destinados por Estados Unidos y los 14.7 millones en ayuda material ofrecidos por China.

Mientras Venezuela cumple siete días de duelo nacional, la prioridad absoluta sigue siendo el rescate de quienes aún podrían estar atrapados.
Sin embargo, los expertos advierten que la reconstrucción del país, con pérdidas económicas estimadas de hasta 100,000 millones de dólares, será un desafío de proporciones históricas.
