La premisa de que “lo mejor para aliviarse es no enfermarse” ha dejado de ser una máxima de prevención sanitaria para convertirse en la única estrategia de supervivencia disponible para millones de mexicanos.
La promesa gubernamental de igualar los servicios de salud con los estándares de Dinamarca colapsó ante una realidad multifactorial: desabasto crónico, saturación en la inclusión de derechohabientes, precarización salarial y una ruptura interna sin precedentes en el sindicato del sector.
Desabasto a todos los niveles: Entre proveedores y logística interna
El reconocimiento oficial emitido por la administración federal sobre las dificultades en la proveeduría y distribución de fármacos confirma lo que plataformas civiles como Cero Desabasto llevan años documentando. Hay miles de reportes acumulados por tratamientos interrumpidos.
¿Qué es lo que se observa con todo este desorden?
Existe un embudo en la proveeduría. La centralización de compras y los cambios en las reglas de adjudicación con laboratorios generaron cuellos de botella severos.

Por otra parte, hay falla en la distribución interna. El problema ya no radica únicamente en la adquisición central, sino en la incapacidad operativa del IMSS y otras instituciones para hacer llegar los insumos, medicamentos oncológicos y tratamientos de alta especialidad a las clínicas de primer y segundo nivel.
Inclusión del derechohabiente: Sobrecarga y colapso operativo
La incorporación masiva de nuevos sectores a la seguridad social, con un incremento notable en el número de trabajadores asegurados y millones de pensionados integrados a esquemas de atención nacional; desbordó la capacidad instalada de infraestructura.
Hay matemáticas insostenibles, pues mientras el volumen de derechohabientes crece de manera exponencial, el número de médicos especialistas, camas censables y equipos de diagnóstico opera bajo mínimos históricos.

El sistema tiene un costo de la universalidad sin presupuesto. Intentan ampliar la cobertura universal sin inyectar un presupuesto proporcional por cápita, lo que ha convertido las salas de espera en zonas de fricción permanente, donde el paciente experimenta una atención tardía o nula.
Salarios de la primera línea: Ingresos insuficientes ante la inflación
El personal sanitario que sostuvo la operación durante las emergencias sanitarias recientes enfrenta hoy un rezago severo en sus percepciones económicas.
Existe un rechazo al incremento propuesto; las mesas de negociación entre autoridades y representaciones laborales plantearon ajustes globales que rondan apenas poco más del 5%, una cifra considerada insuficiente por las bases trabajadoras frente a la inflación acumulada y el desgaste operativo.

Por otra parte, el país está lleno de protestas. El descontento escaló a movilizaciones simultáneas en al menos 12 estados de la república. La exigencia central apunta a un incremento salarial directo del 10%, basificación real y el cumplimiento de prestaciones pendientes para personal contratado por pandemia.
Ruptura sindical: Charrismo bajo foco y fractura de bases
La crisis salarial y operativa detonó una fractura profunda al interior de la estructura sindical del sector salud.
Ahora se siente una pérdida de legitimidad, pues las bases trabajadoras acusan a la dirigencia nacional de negociar a espaldas de los agremiados y de aceptar acuerdos tibios con el Ejecutivo.

También hay exigencias de renovación. En diversos centros hospitalarios se han exigido las renuncias de secretarios generales seccionales. Cuestionan la validez de las consultas internas y abriendo paso a frentes disidentes que convocan a paros y marchas nacionales al margen de la estructura oficial.
Y ahora que se analizaron estos puntos, ¿consideras que la presión ejercida por las recientes movilizaciones sindicales logrará forzar una reestructuración profunda del presupuesto en salud antes de que concluya el año fiscal?