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Si cae Lula, apaguen la luz: Sheinbaum, la última de la fiesta

Por Redacción
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Lula da Silva no ha perdido, no todavía, pero el domingo 4 de octubre le pasó lo que a un campeón que llega invicto al último round y se va a la lona. Flávio Bolsonaro, el hijo mayor del expresidente, le ganó la primera vuelta con 47.03% de los votos válidos contra 45.16%. Esto quiere decir que 56.1 millones contra 53.9 millones, una diferencia de 2.2 millones de brasileños.

Las encuestas no lo vieron venir. Datafolha, tres días antes, ponía a Lula cinco puntos arriba. El propio Lula admitió que esperaba ganar a la primera y anunció que “mañana comienza una nueva campaña”. Flávio, en cambio, ya cantó victoria, pues dijo que es el fin de la era del PT. La final es el 25 de octubre.

El cementerio de la marea rosa

Para entender el tamaño del golpe hay que ver el mapa.

Entre 2022 y principios de 2023, la izquierda o centroizquierda gobernaba las seis economías más grandes de América Latina: Brasil, México, Colombia, Argentina, Perú y Chile. Era la segunda marea rosa, y parecía que venía para quedarse.

Veintitantos meses después, la marea se fue y dejó la playa llena de conchas vacías.

  • Milei arrasó al peronismo.
  • Noboa se reeligió en Ecuador.
  • Rodrigo Paz terminó con 20 años del MAS en Bolivia.
  • Kast derrotó a la comunista Jeannette Jara y sepultó el proyecto de Boric en Chile.
  • Asfura ganó Honduras con el respaldo explícito de Washington.

En junio cayeron las dos fichas que faltaban.

Keiko Fujimori, a la cuarta, llegó a la presidencia de Perú, y el libertario Abelardo de la Espriella le arrebató Colombia al petrismo. JP Morgan lo llama el mayor realineamiento político de la región en más de dos décadas.

Brasil era el último bastíon sudamericano. Y el bastíon crujió.

¿Quién queda en la pista?

Si Lula pierde, la lista de la izquierda latinoamericana con poder real cabe en una servilleta: México con Sheinbaum, Uruguay con Yamandú Orsi y Guatemala con Bernardo Arévalo, que gobierna con el Congreso en contra y sale en 2028.

Imagen creada con IA por Expresa TV

Lo demás es el museo de cera, Cuba, Nicaragua y una Venezuela donde, tras la operación estadounidense que capturó a Maduro, el chavismo sobrevive con Delcy Rodríguez al frente y bajo la mirada de Washington.

Ninguno de esos tres sirve de modelo electoral para nadie. Esto significa que Sheinbaum pasaría de ser una de varias a ser la única presidenta de izquierda al frente de una economía grande en todo el continente.

Sería la última en la fiesta, con la música apagada y Trump tocando la puerta, porque está perdiendo la izquierda (y no es solo por la derecha). El voto no es un abrazo ideológico a la derecha, es castigo.

Los electores de la región votaron contra el que estaba, sin importar el color, con tres facturas en la mano.

Configuración política de Suramérica: Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil; José Antonio Kast, presidente de Chile; Javier Mile, presidente de Argentina y Delcy Rodríguez, presidente de Venezuela. Foto: SEMANA
  1. Inseguridad: Desde Bukele, la mano dura se volvió la mercancía electoral más cotizada del continente. La izquierda llegó tarde y con discurso de causas mientras la gente pedía resultados.
  2. Cansancio: Lula tiene 80 años y busca un cuarto mandato. El PT no construyó relevo. La izquierda que prometió renovación terminó apostando al mismo nombre de 2002.
  3. Washington como padrino, Trump ya no es pasivo: elogió a Flávio, Milei viajó a Brasil a hacerle campaña y la región aprendió que estar cerca de la Casa Blanca trae promesas económicas y de seguridad. Lo más revelador: Flávio respaldó los aranceles de Trump contra su propio país y aun así ganó la primera vuelta. El nacionalismo dejó de ser patrimonio de la izquierda.

¿Y México qué?

Aquí viene lo incómodo. México no es Brasil, pero algunas grietas ya se asoman en la portada de cualquier domingo. Morena olvidó celebrar su propio 15 aniversario, y el único que la felicitó en redes fue el presidente de Cuba.

Tatiana Clouthier acusa que el partido “traicionó” en Nuevo León. Y el PAN ya anunció que para 2027 buscará perfiles de carrera, mientras en Washington repiten cada semana que los cárteles gobiernan México.

Si Brasil se pinta de azul, Sheinbaum llegará a la revisión del T-MEC y a la intermedia de 2027 sin un solo aliado de peso al sur. Ni Brasil para equilibrar en los BRICS, ni Colombia para coordinar migración y drogas, ni Chile para defender el multilateralismo. Una presidenta con altos números en casa, pero sola en el barrio.

La lección brasileña para la izquierda mexicana es simple y dura. La aprobación no es un cheque al portador. Lula también tenía programas sociales, popularidad entre los más pobres y un adversario con escándalos. Y aun así, el 4 de octubre, 56 millones de brasileños prefirieron al hijo del hombre que él derrotó en 2022.

Lula todavía puede ganar, la diferencia es de menos de dos puntos y las encuestas previas marcaban empate técnico en segunda vuelta. Pero ahora la izquierda latinoamericana entera tiene la mirada puesta en un hombre de 80 años, y eso, por sí solo, ya es el mejor resumen de su crisis.

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