El marcador dirá que México perdió frente a Inglaterra y quedó eliminado del Mundial de Futbol. La estadística registrará otra derrota ante una potencia europea. Sin embargo, lo verdaderamente importante no está en el resultado, sino en la pregunta que dejó flotando la noche del domingo:
¿México perdió… o comenzó a creer que puede competir de tú a tú con las grandes selecciones?
Durante muchos años, el futbol mexicano llegó a estas instancias con el peso de la historia sobre los hombros. Enfrentar a una potencia significaba resistir, esperar un error del rival y confiar en un contragolpe. Esta vez fue diferente.
El equipo dirigido por Javier Aguirre salió a disputar el partido sin complejos. Hubo personalidad para tener la pelota en varios lapsos, presión alta, intensidad y momentos en los que Inglaterra sufrió para imponer su calidad.

La diferencia volvió a estar en los pequeños detalles, esos que suelen definir los encuentros entre selecciones acostumbradas a competir por el título y otras que siguen construyendo ese camino.
Más allá de la eliminación, el Mundial dejó señales que vale la pena analizar. La consolidación de jóvenes como Gil Mora, el liderazgo de futbolistas experimentados y el regreso de una identidad competitiva permiten pensar que el proyecto tiene bases para el siguiente ciclo mundialista.
También quedará para la historia la participación de Guillermo Ochoa, quien disputó minutos en su sexto Mundial, un hecho sin precedentes para un futbolista mexicano, y la presencia de una generación que, por momentos, ilusionó a toda una afición.

Las derrotas suelen dividirse en dos tipos: las que obligan a empezar de cero y las que enseñan el camino que todavía falta recorrer. La de México frente a Inglaterra parece pertenecer al segundo grupo.
Porque perder duele. Quedar eliminado duele aún más. Pero si algo dejó este Mundial es la sensación de que la distancia con las grandes selecciones ya no parece inalcanzable.

Ahora el verdadero reto comienza fuera de la cancha: mantener el proceso, apostar por los jóvenes, darles continuidad y evitar que esta actuación quede únicamente como un buen recuerdo.
El Mundial terminó para México. La pregunta es si también terminó la ilusión… o si, por el contrario, fue el primer paso de una generación que quiere cambiar la historia.