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¿Sigue teniendo sentido el Juego de Estrellas entre la Liga MX y la MLS?

Por Redacción
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Cada verano se anuncia como el partido que enfrenta a “lo mejor contra lo mejor” del futbol de Norteamérica. Sin embargo, año con año el Juego de Estrellas entre la MLS y la Liga MX termina dejando la misma sensación: las verdaderas figuras no están en la cancha.

La edición más reciente volvió a evidenciar un problema que parece ignorarse desde las oficinas de ambas ligas. Mientras la afición esperaba ver a nombres como Lionel Messi o Rodrigo De Paul, ambos quedaron fuera por decisión de la MLS y del Inter Miami para privilegiar la recuperación física y el calendario competitivo.

Del lado mexicano, la historia no fue muy distinta: varios de los futbolistas más importantes tampoco pudieron asistir porque sus clubes decidieron no cederlos, priorizando la Liga MX y otros compromisos oficiales.

Y ahí está el verdadero debate.

Un espectáculo millonario… pero incompleto

Para la MLS y la Liga MX, el All-Star Game representa un negocio redondo. Derechos de transmisión, patrocinadores, activaciones comerciales y estadios llenos convierten al evento en una importante fuente de ingresos.

Sin embargo, para los clubes el panorama es completamente diferente.

Ellos invierten millones de dólares en sus plantillas y compiten por títulos. Arriesgar a sus principales figuras en un partido de exhibición, en plena temporada, simplemente no resulta atractivo.

Por eso las bajas son constantes, el calendario juega en contra. La principal falla del Juego de Estrellas no está en los futbolistas ni en los entrenadores. Está en la fecha.

El partido suele disputarse cuando ambas ligas están inmersas en la parte más intensa de su calendario. Los técnicos necesitan a sus mejores jugadores para competir en torneos locales e internacionales, mientras que los cuerpos médicos buscan reducir cargas físicas para evitar lesiones.

El resultado es evidente

Cada año aparecen permisos especiales, descansos programados, lesiones o negativas de los clubes para prestar a sus futbolistas.

La afición compra una promesa que pocas veces se cumple. El aficionado paga esperando ver a las grandes figuras del continente, pero termina encontrándose con plantillas incompletas.

Sin Messi, sin De Paul y con varias ausencias importantes de la Liga MX, el espectáculo pierde gran parte de su atractivo. El evento presume reunir a las estrellas, pero en la práctica muchas de ellas observan el partido desde casa.

¿Vale la pena replantearlo?

La respuesta parece evidente.

Si la intención es convertir este encuentro en una verdadera fiesta del futbol norteamericano, las ligas tendrían que buscar una fecha que no interfiera con las competencias oficiales.

Una pausa internacional, el final de temporada o incluso un periodo de pretemporada permitiría que los clubes prestaran a sus mejores jugadores sin poner en riesgo sus objetivos deportivos.

Mientras eso no ocurra, el Juego de Estrellas seguirá enfrentando el mismo problema: vender una expectativa que difícilmente puede cumplir.

El prestigio también está en juego; no se trata únicamente de llenar un estadio. Se trata de proteger la credibilidad de un evento que nació para mostrar el máximo talento de ambas ligas.

Porque si cada verano la conversación gira alrededor de quiénes no asistieron y no de lo que ocurrió dentro de la cancha, quizá sea momento de aceptar que el formato necesita evolucionar.

La rivalidad entre la MLS y la Liga MX merece un escenario donde realmente estén presentes… las estrellas.

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