Con el mismo desdén con el que ha tratado a otros socios comerciales de Estados Unidos, Donald Trump volvió a exhibir su desprecio por México.
Este viernes, desde el Despacho Oval, el mandatario estadounidense afirmó que el país vecino “no tiene nada” que Washington realmente necesite, más allá de “tamales calientes, tomates, un par de cosas”.
La frase, lanzada ante periodistas en plena crítica al déficit comercial bilateral que Trump cifró en 195 mil millones de dólares al año, no es solo una boutade más del presidente estadounidense.
Es un mensaje político con destinatario claro. México, su tercer mayor socio comercial, reducido en la narrativa de la Casa Blanca a un proveedor de verdura y comida callejera.
La amenaza detrás del sarcasmo
Trump no se guardó nada. Aseguró que Estados Unidos podría dejar de comerciar con México “con un simple movimiento del bolígrafo” y que no perdería absolutamente nada al hacerlo, porque (según su versión) el país tiene petróleo “y lo tiene todo”.
Lanza la amenaza en plena tensión ya instalada con Canadá, a quien Washington impuso aranceles del 50% sobre 20 mil millones de dólares en productos, y en medio de negociaciones abiertas sobre el futuro del T-MEC.

Pese al tono agresivo, el propio Trump se contradijo. Dijo no querer romper la relación comercial porque “nos llevamos muy bien” con la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien dijo respetar. Un espacio de cuatro frases le bastó para pasar del insulto económico a la cortesía diplomática, evidenciando que sus declaraciones responden más a la política interna (la presión sobre la Reserva Federal para bajar tasas) que a un diagnóstico serio de la relación bilateral.
Lo que las cifras dicen y Trump decide ignorar
De acuerdo con datos oficiales de la Oficina de Análisis Económico y el Censo de Estados Unidos, el comercio de bienes entre ambos países alcanzó 872,800 millones de dólares en 2025. México fue el principal proveedor de importaciones para el mercado estadounidense, por delante de China y Canadá.
Estados Unidos importó desde México 534,800 millones de dólares y exportó 337,900 millones, un déficit de 196,900 millones que se aproxima al número citado por Trump. Pero que, como reconocen los propios analistas económicos, mide el saldo comercial, no una “pérdida” real para la economía estadounidense.
Los principales productos que México exporta a Estados Unidos ni siquiera son alimentos. Son manufacturas, autopartes y equipo electrónico. Sectores donde miles de empleos estadounidenses dependen directamente de las cadenas de suministro binacionales.

Un patrón, no un exabrupto
No es la primera vez que Trump usa este tipo de lenguaje para menospreciar públicamente a México mientras mantiene, en privado, una relación funcional con su gobierno.
La estrategia es reconocible, presión mediática y arancelaria hacia afuera, cordialidad diplomática hacia adentro.
El resultado es una relación bilateral que se sostiene más en la conveniencia política de ambos mandatarios que en un trato de respeto mutuo entre naciones socias.
Mientras Trump reduce a México a un mercado de tamales y tomates, la Casa Blanca negocia, en paralelo, la continuidad de un tratado comercial trilateral del que depende buena parte de la industria automotriz y manufacturera del Bajío.
La contradicción es evidente y para Guanajuato, el motor automotriz del país y termómetro directo del T-MEC, no es un dato menor.