El senador sinaloense deja la bancada oficialista entre acusaciones de vínculos con una facción del cártel de Sinaloa, sin pedir licencia y sin bajarse de su curul. Morena finge control de daños mientras su mayoría calificada se evapora
Hay salidas que se anuncian con un portazo y hay salidas que se tramitan como quien no quiere la cosa, con oficios, reglamentos y “procedimientos conforme a derecho”.
La de Enrique Inzunza Cázarez es de las segundas, y por eso mismo es más incómoda. Morena no lo expulsó, Morena lo dejó ir de puntitas, y ahora intenta vender esa salida como higiene institucional cuando en realidad es una fuga hacia adelante.
La cronología de una salida que no fue salida
El senador por Sinaloa notificó su separación de la bancada de Morena el pasado 26 de agosto. Este martes, casi dos semanas después, el grupo parlamentario apenas formalizará el trámite ante el pleno del Senado.
Entre una fecha y otra hay un mensaje pues, a Morena no le urgía deshacerse de Inzunza, le urgía encontrar la forma de hacerlo sin que pareciera lo que es.

Ignacio Mier, coordinador de la bancada, ya le había sugerido o “invitado”, en el eufemismo parlamentario que siguiera el mismo camino que su amigo, el gobernador de Sinaloa con licencia, Rubén Rocha Moya. Querían que pidiera licencia y enfrentara las investigaciones de la Fiscalía General de la República por fuera del cargo, sin fuero.
Inzunza no lo hizo. Regresó a su curul pese al desdén abierto de la dirigencia morenista, y ahora ejercerá como senador independiente, conservando el cargo, el sueldo y, hasta nuevo aviso, la inmunidad procesal que da estar en funciones.
Morena sí puede quitarle la comisión, no la sospecha
Lo único que el oficialismo logrará arrebatarle a Inzunza es la presidencia de la Comisión de Estudios Legislativos, retirada no por la gravedad de las acusaciones en su contra, sino por un tecnicismo reglamentario. Quien no pertenece a un grupo parlamentario no conserva las posiciones asignadas por esa bancada.
Es decir, Morena no está actuando contra las acusaciones de vínculos con una facción del cártel de Sinaloa que pesan sobre el senador; está actuando contra el hecho administrativo de que ya no milita con ellos. La distinción no es menor: es la diferencia entre depurar y simplemente reacomodar el organigrama.
Mier, por lo demás, ha ido bajando el tono.
De la desconfianza inicial pasó a la defensa técnica, pues dijo que hasta el momento no existe prueba de un hecho delictivo en contra del legislador. Es una frase que suena a garantismo, pero que en el contexto de un partido que necesitaba deslindarse de Inzunza suena más bien a que nadie quiere ser el primero en señalarlo formalmente.

Una mayoría que ya no es mayoría
Aquí es donde la historia deja de ser sobre un senador y se vuelve sobre la aritmética del poder. Con la salida de Inzunza, Morena y sus aliados se quedan con 85 legisladores en el Senado, uno menos de los necesarios para la mayoría calificada.
La traducción: cualquier reforma constitucional que el oficialismo quiera aprobar sin negociar con la oposición tendrá que esperar a que consiga ese voto en otro lado, probablemente con la misma lógica de “invitaciones” e incentivos con las que ha construido buena parte de su bancada ampliada.
Es una ironía que no debería pasar desapercibida, un partido que ha hecho de la disciplina y la lealtad su narrativa central pierde su margen de maniobra legislativa no por una derrota electoral, sino por no haber podido o no haber querido a tiempo resolver el caso de uno de los suyos.
El discurso de la coherencia, forzado a la medida
Inzunza, por su parte, ha insistido en que su salida de la bancada no representa un cambio de convicciones. Sostiene que sigue alineado con “el pensamiento liberal, con el pensamiento constitucional de bienestar” que dice impulsar Morena.

Es un ejercicio de malabarismo discursivo: separarse del partido sin separarse del proyecto, cargar con las acusaciones sin cargar con la etiqueta, ser independiente en el papel y aliado en los votos.
El verdadero fondo del asunto
Lo que queda, más allá del reacomodo de comisiones y el conteo de curules, es una pregunta que ni Morena ni Inzunza han respondido con claridad., Si las acusaciones son infundadas, ¿por qué no pidió licencia y las enfrentó como lo hizo Rocha Moya? Y si el partido realmente no tiene pruebas de nada, ¿Por qué lo dejó salir en lugar de respaldarlo públicamente?
La salida de Inzunza no resuelve la sospecha, solo la administra. Y una sospecha administrada, en un Senado que hoy tiene el filo de la mayoría calificada colgando de un solo voto, es un lujo que ningún partido debería permitirse presumir como normalidad.
Presunción de inocencia
Las acusaciones sobre presuntos vínculos de Enrique Inzunza Cázarez con una facción del Cártel de Sinaloa forman parte de señalamientos e investigaciones en curso. No existe, a la fecha, sentencia condenatoria en su contra.