Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Este año, la fecha coincidió con la publicación de las Estadísticas de Defunciones Registradas (EDR) 2025 del INEGI. Unas cifras que confirman una tendencia que preocupa a especialistas y autoridades de salud desde hace una década: el suicidio sigue en aumento en el país.
De acuerdo con datos preliminares del INEGI, en 2025 se registraron 8,709 suicidios en México. Esto equivale a una tasa nacional de 6.7 casos por cada 100 mil habitantes. La cifra confirma una trayectoria ascendente sostenida: en 2015 la tasa nacional era de 5.1 por cada 100 mil habitantes, es decir, un incremento de más del 30% en una década.
El fenómeno golpea de forma desigual:
Por sexo: 79.9% de los casos correspondió a hombres (tasa de 10.9 por cada 100 mil) y 20.1% a mujeres (tasa de 2.6 por cada 100 mil).
Por edad: la población de 15 a 29 años tiene la tasa más alta del país, con 10.2 casos por cada 100 mil habitantes, 3,318 suicidios en 2025, el 38.1% del total nacional. En este grupo de edad, el suicidio es ya la tercera causa de muerte.
Por entidad: Chihuahua, Yucatán y Aguascalientes concentran las tasas más altas del país; Chiapas, Baja California y Veracruz, las más bajas.
El INEGI también reportó, con base en su módulo de bienestar autorreportado, que 21.8% de la población de 12 años y más presentó indicios de ansiedad. También, 13.4% señales de depresión, ambos indicadores más altos entre mujeres.

Factores de riesgo que documenta la Secretaría de Salud
La Secretaría de Salud federal identifica una combinación de condiciones que elevan la probabilidad de conducta suicida, sin que ninguna por sí sola sea determinante:
- Tener entre 15 y 29 años.
- Problemas familiares: maltrato, abandono o desintegración del núcleo familiar
- Situación de pobreza o precariedad económica.
- Consumo de alcohol u otras sustancias.
- Padecer un trastorno mental: depresión, ansiedad, trastornos psicóticos, sin diagnóstico ni tratamiento.
- Autolesiones previas o un intento de suicidio anterior.
- Aislamiento social, acoso escolar (bullying) y discriminación, incluida la que enfrenta la población LGBTQ+.
- Falta de acceso a atención psicológica.
Señales de alerta a las que hay que prestar atención
Organismos de salud distinguen entre “factores de riesgo” (condiciones de fondo) y “señales de alerta” (cambios observables que pueden anticipar una crisis). Entre las que reconocen la Secretaría de Salud y la OMS:
- Cambios notorios en la conducta: bajo rendimiento escolar o laboral repentino, dejar de socializar, inexpresividad o cambios en la apariencia y forma de vestir.
- Comentarios como “ya no puedo más” o expresar el deseo de desaparecer.
- Regalar objetos personales de valor o escribir cartas de despedida.
- Aislamiento repentino de familiares y amigos.
- Verbalizar directamente pensamientos de morir o hacerse daño (ideación suicida). Esta es una señal que, contrario al mito común, siempre debe tomarse en serio.

¿Qué recomiendan los especialistas?
La recomendación central de las guías oficiales es combatir el estigma: hablar abiertamente del tema no “planta la idea” en quien escucha, ayuda a detectar el riesgo a tiempo.
La Secretaría de Salud subraya que la familia, amigos y pareja, no solo el personal de salud, tienen un papel activo en la prevención, y que fortalecer las redes de apoyo y la cohesión social es tan importante como el tratamiento clínico.
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