Editorial
La fortuna personal de Donald Trump aumentó al menos 2,200 millones de dólares durante 2025, su primer año de vuelta en la Casa Blanca. Esto según la declaración patrimonial de 927 páginas que presentó ante la Oficina de Ética Gubernamental.
La revista Forbes calcula que su patrimonio casi se triplicó desde 2024, de 2,300 a 6,500 millones de dólares, impulsado sobre todo por criptomonedas.
La clave del éxito: Sus empresas recibieron casi 800 millones de dólares de World Liberty Financial, la firma cripto que él mismo cofundó con sus hijos Eric y Donald Jr.
Esta empresa, sumó más de 80 millones por acuerdos legales contra cadenas como ABC y CBS, y decenas de millones más en regalías de hoteles y resorts en países que negociaban aranceles o asistencia militar con su gobierno.

¿Es delito?
No hay evidencia de ilegalidad confirmada ni cargos formales.
Y es que, el problema es distinto. Como presidente, Trump no está sujeto a las mismas leyes de conflicto de interés que obligan a otros funcionarios federales a vender sus participaciones empresariales.
Es una zona gris legal, no un delito probado, aunque expertos en ética disputan si leyes como la de Regalos y Decoraciones Extranjeras deberían aplicársele. Por ejemplo, respecto al avión de 400 millones de dólares que le regaló Qatar.

Las sospechas por conflicto de interés
Organizaciones como Transparency International y el Project on Government Oversight hablan de “conflicto de interés sin precedentes”.
El caso más citado es que, tras un acuerdo entre el secretario de Comercio Howard Lutnick y el gobierno de Kazajistán sobre minerales raros, los hijos de ambos invirtieron en empresas beneficiadas por ese mismo acuerdo. La Casa Blanca lo niega categóricamente: “Ni el presidente ni su familia han incurrido jamás en conflictos de interés.”
La percepción pública y el efecto en campaña
La mayoría de los estadounidenses no vive el mismo auge económico que Trump. CNN señala que esa desconexión, es decir, un presidente que se enriquece mientras el costo de vida sigue pesando, es precisamente lo que podría convertirse en munición política.

Por otro lado, con el proceso electoral de intermedias arrancando, demócratas como el representante Jason Crow ya usan el tema como bandera, hablando de “estafa” y adelantando investigaciones si recuperan la Cámara.
El riesgo para Trump no es judicial por ahora, sino de percepción: la narrativa de un mandatario que lucra desde el cargo puede erosionar su imagen de “hombre de negocios exitoso” justo cuando arranca la disputa por el Congreso.