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El avión que no existía: Lo que la entrega de “El Mayo” sigue sin explicar

Por Redacción
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Editorial

Casi dos años después, el avión que sacó a Ismael “El Mayo” Zambada de México terminó donde suelen terminar las historias incómodas: en una vitrina.

El FBI lo entregó al War Eagles Air Museum de Nuevo México como pieza de exhibición. Pero antes de convertirse en atracción turística, esa aeronave era, literalmente, un fantasma diseñado para no dejar rastro.

El Beechcraft King Air era de 1976, repintado para aparentar ser reciente. Voló con una matrícula clonada —N287KA— que pertenecía a otro avión legítimamente registrado en Estados Unidos. Por dentro cargaba un número de serie falso; el real, correspondiente a una aeronave de los años setenta que operó en Colombia y lo borraron de motores y paneles.

Es decir, cada capa de esa nave estaba fabricada para que, si algo salía mal, nadie pudiera probar de dónde venía ni a quién pertenecía.

Y aquí es donde la nota deja de ser sobre un avión y empieza a ser sobre lo que México no ha podido o no ha querido exigir.

La información fantasma

Desde agosto de 2024, la FGR solicitó a Estados Unidos los registros aeronáuticos, el número de serie real y la constancia migratoria del vuelo. A la fecha, no hay confirmación pública de que esa información haya sido entregada.

Tampoco hay claridad sobre la identidad del piloto. Un día después de las capturas, la entonces secretaria de Seguridad, Rosa Icela Rodríguez, hoy secretaria de Gobernación, señaló erróneamente a un ciudadano estadounidense que después se confirmó no tuvo participación en el vuelo. Ese error nunca fue corregido con una explicación de fondo sobre quién sí voló esa aeronave.

El trasfondo político tampoco es menor. Según la carta que “El Mayo” hizo circular desde prisión, el entonces gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, estaba convocado a la reunión donde lo emboscaron, y ahí mismo habría sido asesinado el exfuncionario Héctor Melesio Cuén.

Rocha Moya lo niega. Washington acusó formalmente en abril a Rocha Moya y a otros nueve funcionarios por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa. El gobierno de Sheinbaum se negó a proceder por falta de “pruebas” y pidió documentación adicional a Estados Unidos.

Entonces la pregunta no es solo cómo se camufló un avión. Es porque, a casi dos años de una operación que se llevó a uno de los capos más buscados del país sin que México supiera, o admitiera saber, qué ocurría en su territorio, seguimos sin las respuestas más básicas. ¿Quién piloteó, qué agencia coordinó el operativo en suelo mexicano? ¿Washington alguna vez pretende entregar lo que la FGR le pidió hace casi dos años?

El avión ya tiene museo. El caso, todavía no tiene cierre.

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