Por sexto día consecutivo, las fuerzas armadas de Estados Unidos (EE.UU.) han lanzado una nueva ola de ataques aéreos contra objetivos en territorio iraní.
Bajo órdenes directas del presidente Donald Trump, el Comando Central de EE.UU. (CENTCOM) ejecutó bombardeos estratégicos con el objetivo declarado de degradar las capacidades militares de la República Islámica y asegurar el tránsito marítimo internacional.
La ofensiva se dirigió a centros de mando, sistemas de defensa aérea, emplazamientos de misiles, plataformas de drones e instalaciones de vigilancia costera. De forma simultánea, Washington reimpuso un cerco naval sobre los puertos y buques iraníes en el Estrecho de Ormuz.
Esta vía es crítica para la economía global; antes del conflicto, por ella transitaba la quinta parte del crudo mundial. Actualmente, el tráfico comercial convencional se ha desplomado, pasando de 9.4 a 5.5 millones de barriles diarios en una semana.

Represalias y advertencias de Teherán
Las autoridades de Irán denunciaron impactos en el aeropuerto de la provincia de Semnan y en las inmediaciones de un hospital oncológico infantil en Ahvaz. Calificaron este último acto como un “crimen de guerra”.
En el sur, específicamente en Bandar Abbas, se reportó al menos un fallecido y ocho heridos en ataques recientes. Según fuentes del Ministerio de Sanidad iraní, la cifra de muertos por la ofensiva estadounidense en julio asciende ya a 35 personas.
Como respuesta, la Guardia Revolucionaria de Irán lanzó ataques contra objetivos vinculados a Estados Unidos en Baréin, Jordania y Kuwait.
Irán advirtió que, si la campaña estadounidense escala hacia infraestructuras críticas como plantas eléctricas o puentes, la respuesta será “más severa, amplia y destructiva que nunca”, amenazando con destruir toda la infraestructura de la región.
